Bloc de les aventures i desventures de la Carme
Carme | 12 Febrer, 2007 01:47
Este finde estuve en casa de unos amigos, en plena naturaleza. No, no se trata de esas casas de campo, cerca del pueblo, con todas las comodidades de la ciudad. Ésta está algo alejada, de hecho si te pasa algo no te encontrarían en la vida excepto si pasase algún cazador o alma perdida. Y por no tener no tiene ni electicidad, sólo unas baterías y un motorcito para la luz por la noche, nevera a butano, y agua corriente. Lo necesario para vivir. Y mucha tranquilidad.
Tanta que al principio me vino añoranza. De estos años que hemos pasado en la caseta, que es como nos referimos a dicha casa. Fines de semana e incluso más de unas vacaciones sin poder salir a ninguna otra parte, que nos juntábamos adultos y las niñas, los mayores para recolectar por ejemplo la almendra antes que se echara a perder, mientras nuestras hijas jugaban en una caseta que les habíamos hecho de madera.
Este finde, quitando maleza y redescubriendo los senderos que hay alrededor de la caseta, hemos estado hablando de cómo han cambiado nuestras vidas al crecer nuestras niñas, la mayoría ya con 17-18 años. La hija de otra pareja ha acabado siendo heroinómana y sus padres fueron los últimos en enterarse, la de los dueños de la casa está tan enganchada a los chats hasta altas horas de la madrugada, es fumadora empedernida (y no solo de tabaco) y viene a las tantas los fines de semana tras beber en las discotecas, tienen discusiones diarias, llegando al límite más de una vez, y resistiéndose hasta la relación de pareja. Y mi hija, con sus problemas de personalidad, con esa rabia por culpa de su padre, que no le ha hecho puto caso en todos estos años, y que voy a tener que meterla ya con alguna psicóloga porque de la depresión que lleva ya no come casi y no para de llorar....
Sin embargo, así como íbamos limpiando de maleza la zona, íbamos recordando que les hemos dado una buena base, y que sabemos que en el fondo son buenas piezas. Aún nos necesitan - me decía el padre de una. Hoy lo he comprobado. Esta noche, a las 2 de la madrugada, puedo por fin irme a dormir. Mi hija (17 años), llorando, se ha sentado a hablar conmigo más de dos horas. La rabia contenida que le entra cada vez ve/habla con su padre, ver que al novio (de 18), sus padres le tratan como a un crio y no hablan con él, sino que hablan de él llegando a discutir, sin preguntarle qué siente o qué quiere hacer, incluso con la novia delante, hasta el punto de verse casi obligado a dejar el domicilio paterno.
Doy gracias por haber sabido mantener el nivel de conversación con mi hija. Como me ha recordado ella, yo cuando la veo histérica la dejo estar, dejo "pasar" ese momento, y espero sea ella se dé cuenta se ha pasado, porque sé que si le contesto sulfurada soy yo la que se pierde. Así al final, después de unos días de verla "rara", hoy se ha sentado a hablar con su madre, contarme todo lo que le agobiaba, todo lo que sentía. Joder, cualquiera se duerme ahora....
Pués ya veis, la vida evoluciona, nosotros también. Y tenemos que adaptarnos a los cambios. Al principio este post era para hablar de la añoranza de tiempos pasados.... pero tengo una hija increíble y tras dos horas de tertulia, ahora no puedo dormirme .....
Trabaja como si NO necesitaras dinero, ama como si NUNCA te hubieran herido, ... y baila como si NADIE te estuviera viendo
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